Es el instante el que al llegar otorga
la gracia o la quietud, el dúctil juego
de la imágenes, o el gentil reposo,
y crea al viento como de la nada
o modela una luz desconocida.
Es el instante. El hombre apenas puede
ir en las ondas móviles del tiempo
y reflejar en lagos de sorpresa
lo que afuera perece y resucita.
¿Quién encendió las flores de la tarde
en el pleno equinoccio del perfume
y las dejó vagar toda la noche
con los fantasmas del desvelo puro?
¿Quién atizó el fulgor de la miradas
desde el rostro de un cosmos tan lejano?
¿Quién hizo negro el techo de la sombra
para pintar en él de madrugada?
Es el instante quien inventa el ruido
con que discurre el agua en las acequias,
el que canta en el baile de las hojas
y el que trae el amor. Es el instante.
Después, las mismas cosas aparecen
desprovistas de sueño, desprendidas
de sus volubles túnicas de magia,
tal como si jamás se hubieran visto
o entrevisto en atmósferas secretas.
Atrapa, pues, su vuelo. No lo dejes
escapar a los huecos del olvido:
él te trae el milagro de las cosas,
el ser de las palabras, el murmullo
transparente del aire solitario,
y el impoluto nácar de la aurora
con su rosa de asombro y de poesía.
Hugo Lindo