Posts tagged "Perú"

Te busco, Muerte. Te busco
y no te encuentro.

Entre la nada te busco
y te busco
entre la gente.

Y no te encuentro.

Pero cuando tú 
me busques…
todo será diferente.

Juan Gonzalo Rose

Me gustas porque tienes el color de los patios 
de las casas tranquilas… 

y más precisamente: 
me gustas porque tienes el color de los patios 
de las casas tranquilas 
cuando llega el verano… 

Y más precisamente: 
me gustas porque tienes el color de los patios 
de las casas tranquilas en las tardes de enero 
cuando llega el verano… 

y más precisamente: 
me gustas porque te amo.

Juan Gonzalo Rose

Tengo en el alma una baranda en sombras.
A ella diariamente me asomo, matutino, 
a preguntar si no ha llegado carta; 
y cuántas veces 
la tristeza celebra con mi rostro 
sus óperas de nada.

Una carta.

Que me escriba una carta quien me hizo 
los ojos negros y la letra gótica, 
que me escriba una carta aquella amiga 
analfabeta de pasión cristiana; 
duraznos de mi tierra: que me escriban, 
vientos los de mi rambla: que me escriban, 
y redacte una carta pequeñita 
mi hermana abecedaria y pensativa.

Muertos los de mi infancia 
que se fueron 
dormidos entre el humo de las flores, 
novias que se marcharon 
bajo un farol diciendo eternidades, 
amigos hasta el vino torturado:
¿no hay una carta para Juan Gonzalo?

Si no fuera poeta, expresidiario, 
extranjero hasta el colmo de la gracia, 
descubridor de calles en la noche, 
coleccionista de apellidos pálidos: 
quisiera ser cartero de los tristes 
para que ellos bendigan mis zapatos.

El día que me muera ¿en una piedra? 
el día que navegue ¿en una cama? 
desgarren mi camisa y en el pecho 
¡manos sobrevivientes que me amaron! 
entierren una carta.

Juan Gonzalo Rose

He gastado en mirar, miradas largas;
en amar, largas vidas largas;
y en alegría nada.
Ya es hora de sentarme a la sombra
de un libro.
Y ser niño.
Por haberme ausentado de la infancia
un sauce está llorando
en todos los espejos de mi casa.

Juan Gonzalo Rose

Melancolía, saca tu dulce pico ya;
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz.
Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales
la sangre que extrajera mi sanguijuela azul!

No acabes el maná de mujer que ha bajado;
yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz,
mañana que no tenga yo a quién volver los ojos,
cuando abra su gran O de burla el ataúd.

Mi corazón es tiesto regado de amargura;
hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él…
Melancolía, deja de secarme la vida,
y desnuda tu labio de mujer…!

César Vallejo

El olor fino solitario de tus axilas

Un hacinamiento de coronas de paja y heno fresco cortado con
         dedos y asfódelos y piel fresca y galopes lejanos como perlas

Tu olor de cabellera bajo el agua azul con peces negros y estrellas de
         mar y estrellas de cielo bajo la nieve incalculable de tu mirada

Tu mirada de holoturia de ballena de pedernal de lluvia de diarios de
         suicidas húmedos los ojos de tu mirada de pie de madrépora

Esponja diurna a medida que el mar escupe ballenas enfermas y cada
         escalera rechaza a su viandante como la bestia apestada que
         puebla los sueños del viajero

Y golpes centelleantes sobre las sienes y la ola que borra las centellas
         para dejar sobre el tapiz la eterna cuestión de tu mirada de objeto
         muerto tu mirada podrida de flor

César Moro

Ni un dedo se alza sin que fluya la amargura
Lágrima a lágrima en un mundo de olvido
Sin que el ojo noche por noche cierre sus puertas al amor
Sin que una falsa embriaguez descorazonada abra su herida
Sin que un hilo se rompa por siempre jamás

Por un tiempo acostumbrado por un tiempo desierto
De la aventura no queda cuando deberían salvarse los restos
Sino polvo y sombra de polvo
Y sed de tierra barrida por el hastió
Para que una vez al fin se alce el reflejo sin encanto
De una muerte sin enigma.

César Moro

La belleza es un maravilloso vicio de la forma.

César Moro

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha…
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros. 
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico… y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben… Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda…
Y no saben que el misterio sintetiza…
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

César Vallejo

he dejado la puerta entreabierta
soy un animal que no se resigna a morir

la eternidad es la oscura bisagra que cede
un pequeño ruido en la noche de la carne

soy la isla que avanza sostenida por la muerte
o una ciudad ferozmente cercada por la vida

o tal vez no soy nada
sólo el insomnio
y la brillante indiferencia de los astros

desierto destino
inexorable el sol de los vivos se levanta
reconozco esa puerta
no hay otra

hielo primaveral
y una espina de sangre
en el ojo de la rosa.

Blanca Varela

Color de ropa antigua. Un julio a sombra,
y un agosto recién segado. Y una
mano de agua que injertó en el pino
resinoso de un tedio malas frutas.

Ahora que has anclado, oscura ropa,
tornas rociada de un suntuoso olor
a tiempo, a abreviación… Y he cantado
el proclive festín que se volcó.

Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte,
contra el límite, contra lo que acaba?
¡Ay, la llaga en color de ropa antigua,
cómo se entreabre y huele a miel quemada!

¡Oh unidad excelsa! ¡Oh lo que es uno por todos!
¡Amor contra el espacio y contra el tiempo!
Un latido único de corazón;
un solo ritmo: ¡Dios!

Y al encogerse de hombros los linderos
en un bronco desdén irreductible,
hay un riego de sierpes
en la doncella plenitud del 1.
¡Una arruga, una sombra!

César Vallejo