Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,
sus celajes.
Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
de alguna flor del aire.
Se amaban. No estaban solos a la orilla
de su primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,
la galaxia.
Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.
Eugenio Montejo
Rosa invisible rasgo puro
Venas subyugantes como lámparas de nieve
y mi espejo en su lecho fratricida
Iba hacia ti
Desde la negra edad de mis orígenes
Iba hacia ti
Cuando la luna ondea en mis sienes desatadas
Caías de rodillas con un racimo de frutas.
Los perversos ojos del cielo recubren tu llama
La espiga vigilante adentro
En las zonas del silencio donde la luz no llega.
Yo veía un niño agonizando en los jardines
El que arrojaba uvas delirantes a las duras bahías
Y los cuerpos ahogados en la noche
Cuando arden cenizas en la magia de Dios.
Yo he visto alfombras proteger sus rebaños
de ignorancia
Altares y arcos
Los senos, bases de fuego fascinante
El perfecto hábito del semen
Joya de abismo, taciturno enigma.
Juan Sánchez Peláez
De “Elena y los elementos” 1951
¿Para qué poetas en tiempos de penuria?
Pues para ver qué se puede hacer con ella.
Rafael Cadenas, Contestaciones
El revolucionario es el más alto escalón
de la especie humana.
Al menos debió agregar: modestia aparte.
Rafael Cadenas, Contestaciones
Abandonad toda esperanza.
No es mal consejo cuando el infierno
está tan cerca.
Rafael Cadenas, Contestaciones
Ya casi no te pruebo porque sé tu sabor.
Seamos ignorantes.
Rafael Cadenas, Contestaciones
Eros, gran cocinero del alma.
A él también se le quema la comida.
Rafael Cadenas, Contestaciones
Memoria de esta tierra junto al cielo
Con nubes al alcance de la mano,
Y horizontes tan cerca de los ojos
Que sus contornos cierran la montaña.
¡Provincia de las fuentes y los trigos
Y frutales aromas en la brisa;
Dulce país de nieblas y claveles
Dormido en un sosiego melodioso!
Galería de lienzos vegetales
Alzada entre columnas de arcoiris,
Donde la luz enciende mariposas.
¡Bajo su clima de altitud y égogla
—Gemela del amor— mi poesía
Descubrió la raíz de su destino!
José Antonio Escalona
Ahora soy el sueño
En compañía del silencio
—Iinerte casi—
En medio de la noche
Sobre el campo.
Y tú
También en medio de la noche
—De la noche de todos mis enigmas—
Irradiando fragancias:
En la negrura ángeles sin vestes,
E igual de hechizadoras que la esencia
De los antiguos filtros.
Sólo a mi ritmo, y al destello
De las luciérnagas insomnes
Somete sus efluvios
Su torre en flor de aspas molineras
En actitud fragante de holocausto.
Visión vedada a los humanos ojos
¡Oh! Fuente del olor entre la sombra.
José Antonio Escalona
Anhelo y bienquerencia
De espiritual noctívaga aventura.
Cruzo tu territorio de corolas
Y salgo al otro extremo de tu alma
Sin quebrantar su silencio
Ni desprender un pétalo siquiera.
Poseso sí, de todos sus aromas.
En tiempo de sazón después retorno.
Con luz de sol esmalto
Tus frutales formas
E intactos dejo nuevamente
Tus castos laberintos.
El aire soy. El dueño solo
De tu recóndito aromario.
José Antonio Escalona
Cestillo de cristal la medialuna
En manos de la noche jardinera.
La noche va por ámbitos floridos
Cortando —rauda— fúlgidos manojos.
Tu corazón de novia y novilunio
Viajero de la noche por mi sangre.
Cestillo del amor donde recoges
—Constelación de lirios— mi ternura.
Viene de siderales contrapuntos
Cruzando el trébol de la mediasombra
Doble cuadriga de ilusorias lumbres.
¡Míralas… y me miras, y te miro,
Y al mirarnos, inédito horizonte
Abre la cruz del sur de nuestros ojos!
José Antonio Escalona
Aquí estoy en la tierra de la noche
Como un árbol después de la tormenta.
Cortaron las espadas del relámpago
Cuanto había de efímero en las frondas.
Lejos —¿o acaso dentro de mí mismo?—,
Escucho la campana de un arroyo.
¿Por dónde llega su rumor, si el aire
Es una inmóvil lámina en la sombra?
Muere el rumor en criptas de silencio,
Cual se cierran los círculos del agua
Sobre el herido corazón de un pozo.
Recobran su sosiego los sentidos,
Y en soledad triunfante, sigo siendo
¡Único huésped de la noche sola!
José Antonio Escalona